Para él había sido uno de esos días en los que las metas electrónicas le ganaban un poco a las concretas. Uno de esos días en que diez más diez menos era un problema que se vería a eso del veinticinco. Uno de esos días en que un poco más apretado o más suelto era un problema que se vería al comenzar, igual que siempre, una de tantas posibilidades de reparar los daños.
Él no se había percatado, probablemente por esa sensación calurosa que produce el soñar, de que al igual que los religiosos que tanto criticaba, lo único que hacía, era vivir día tras día anunciando la llegada de cristo; Un cristo que, si bien él no veía como un salvador, lo veía como probablemente hubiese querido ser visto.
Y es que, ¿de qué estamos hablando, mi querido y delirante pedazo de ser humano? Tú bien sabías que la experiencia es relativa, al igual que tiendes a relativizar la vida completa. Siempre supiste que no se podía andar por la vida con ambigüedades extrañas, y sin embargo esa relativización de lo evidentemente objetivo, te ha dejado dividido en dos partes contradictorias que, tú bien sabes, no puedes seguir pretendiendo son compatibles.
Y bueno, date cuenta de una vez por todas. Al carajo con el inexperimentado enamoradizo, y al carajo con el otro ese, del cual su experiencia ignoras, pero pretendía, al menos en tu cabeza, soñar con esas flores de primavera, que siendo bien realistas, te dan alergia.
Dicen algunas personas que vivir la vida pensando en un bien mayor a veces es el camino a la realización de nosotros mismos como seres humanos. Bueno, quizás ahí está la diferencia. Tú hace tiempo dejaste de sentirte ser humano, y probablemente, no será la llegada de cristo la que te devuelva aquel privilegio, como metafórica y acertadamente lo has planteado hasta este minuto, poquito antes de las siete, poquito antes de que los seres humanos comiencen su vida normal a este lado del planeta, mientras tú te preparas para dar la siguiente excusa para que no te importen esos diez más, o el poco más apretado, o el hecho de que probablemente el cien por ciento que alguna vez pudiste haber dado, sólo quedó en una condicional que pronto culminará en una negativa.
Negativas. Hacia ti, para ti y por ti.