Prometí que sería la ultima vez.

Y lo supe cuando la no-sincronía resonaba entre pedazos de pasado y presente, que mezclados hicieron visible el final de aquella carretera que me acompaña desde el momento en que bajo la mirada tímida de Delirio y sus cabellos negros supe estabamos contra el tiempo.

Se acabó, y fueron veintitres.

Se acabó y no hubo ninguno.

Se acabó, y se apagó en un silencio.

Se acabó, y nunca valió la pena.

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