Quema de a poquitito. Mientras, por su lado y sin cuestionarlo, los perros le ladran al viento. Supongo (¿De verdad necesito suponer?) que en el fondo la situación no es nueva para mí (ni para los perros).

¿Diferencias? Muchas. A veces creo que me cuesta un poco encontrarme, y si no me encuentro yo ¿Quién? Por mucho que me gustaría ser distinto, soy inofensivo. En realidad tengo el corazón dibujado con lápices de cera y a trazo nervioso.

Quizás crecí y los métodos de quince ya están un poco obsoletos. O quizás puede ser que nunca me preocupé de las consecuencias de que aquello tuviese un nombre. Con gran poder viene una gran responsabilidad, dicen. Pero con un nombre me juego la vida.

Siempre mucho blah blah, y a veces se me olvidan las palabras de Dila: “Tú no hablas, tú haces.” Y en el fondo suena súper fácil, pero no cuando eres un conejo asustado. Mientras más hablo, más la cago.

Quema de a poquitito, pero si me ofrecieran ser Juana de Arco, no lo pensaría dos veces.

Me gustaría poder tomar todo el miedo que hay en el aire y transformarlo en algo bonito. Podría ser. Siempre podría ser pero detesto los condicionales.

Pero pongámonos de acuerdo en algo: Por una vez, seré totalmente suficiente. Sólo le pido a la vida que sea suficiente conmigo de vuelta.  Son muchos años de escribir, y me gustaría creer que esperar la soledad para cantarle al viento nunca fue en vano.

Es extraño ser y a la vez tener miedo de no poder ser. O simplemente no saber cómo.

Ahora, lo que importa, es que al final del día, tengo una sonrisa en el rostro…

…y eso soy.

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