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Ahí no se escuchaban los gritos. En aquella oscuridad era difícil imaginar qué o quienes pasaban por su cabeza en ese momento, pero él no dejaba de temblar. A estas alturas el costo de quedarse inmóvil ya no tenía importancia, pues lo único importante era estar lejos de aquellos gritos que de una manera bastante poco discreta le indicaban el regreso de su mayor temor.

Había tratado tanto tiempo de no despertarla, tantas horas sin dormir le habían dejado huellas en el rostro, y desde aquél rincón sólo podía resignarse a admitir que todo había sido en vano. Pensaba que si tan sólo tuviera el coraje suficiente de arrastrarse, a estas alturas, como una serpiente o una cucaracha, hasta la otra habitación, quizás podría revisar si en aquel cajón de la antigua cómoda de quién alguna vez fue lo más cercano a un padre, aún estaba el revolver que le recordaba, y con justa razón, la ausencia de su madre. Si tan sólo tuviera el coraje, pensaba.

Los gritos ya podían distinguirse incluso desde aquel lugar. Ya no había tiempo. Y con su pequeña linterna de llavero, a la que nunca antes le había encontrado más utilidad que hacer más pesadas las llaves, entre los dientes, se sacó los zapatos y avanzó lentamente entre los vidrios rotos y licor derramado.

Y no tenía nombre porque no era santa. Y nunca tuvo un sueño del que hayamos sabido, sin embargo, sus noches no le ofrecían descanso. Quizás fue el sentimiento de culpa por no haber sabido aprovechar las buenas intenciones de quienes por haber sido juzgados, derramaron lágrimas sobre sus vestidos y sangre sobre su cama. Y es que de pronto nada era suficiente. La mirada hiriente de quienes alguna vez fueron los culpables de sus caídas, esa mirada que atravieza de un modo casi vulgar cualquiera de las barreras que intentan detener las intrusiones a nuestros lugares más oscuros, ya se hacía casi insoportable. Ella quería conocer las razones, pero en un mundo de ciegos, no hay ni razón ni explicación, menos aún para ella, que no tenía nombre, porque no era santa, y quizás esa era la explicación más sencilla.

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